Harruinado
20/01/26 10:10
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Historias de la Bolsa.
Jim Cramer, analista y presentador en CNBC, defiende una idea sencilla: la mejor inversión a largo plazo no es la que adivina el ciclo, sino la que se apoya en empresas capaces de sostener ingresos y beneficios casi con independencia del entorno macro. En la práctica, esto apunta a compañías con demanda estructural, modelos de negocio sólidos y una ventaja competitiva que no dependa de “vientos de cola” puntuales.Qué entiende por “crecimiento secular”La etiqueta de crecimiento secular no es un eslogan: describe compañías con crecimiento estructural (no cíclico), capaces de avanzar incluso si el consumo se enfría o si el coste del dinero sube. Cramer subraya dos cualidades: resistencia (aguantar tipos altos y economía débil) y capacidad de escalar (poder convertirse con el tiempo en “algo enorme”). Este tipo de acciones se pueden mantener durante años —incluso décadas—, con una condición: revisarlas periódicamente para detectar si la tesis se rompe de verdad.Idea central: no se trata de comprar “lo que está barato”, sino de identificar negocios que puedan seguir creciendo con el reloj en contra (tipos altos) y con el ciclo en contra (economía floja).Tipos altos: la deuda marca la diferenciaUn filtro práctico que propone es observar la necesidad de financiación. Las empresas que sobreviven mejor a subidas fuertes de tipos suelen necesitar poco endeudamiento para operar y, además, sus clientes no dependen del crédito para comprar. Cramer matiza que endeudarse no es “malo” por definición: compañías como Amazon o Tesla recurrieron a financiación agresiva al principio, pero lo hicieron con oportunidades enormes por delante. La diferencia, insiste, está en pedir dinero para crecer frente a pedir dinero para no hundirse.Cuando una empresa se endeuda solo para “aguantar”, el margen de error se reduce: si el entorno se complica, la deuda deja de ser palanca y se convierte en ancla.Cómo comprobarlo: comportamiento en crisis y capacidad de escalarPara valorar si un negocio es realmente resistente, sugiere mirar el histórico en momentos de estrés, como la Gran Recesión o el shock del COVID. No pasa nada si la acción cae durante una crisis; lo importante es que se recupere con rapidez cuando el mercado normaliza. Ese patrón suele señalar que el negocio mantiene demanda y poder de ejecución.El segundo gran criterio es la escalabilidad: la posibilidad real de crecer y convertirse en una empresa más grande sin que los costes se disparen al mismo ritmo. En términos prácticos, Cramer sostiene que, cuando se encuentra una compañía capaz de aguantar entornos difíciles y además escalar, se puede justificar pagar múltiplos exigentes. Pone como referencia a las grandes tecnológicas (“Siete Magníficas”) y defiende que el mercado paga caro el crecimiento de beneficios estable… porque, cuando es consistente, suele merecerlo.