El mercado ha dejado atrás la fase de reacción puramente emocional a la guerra en Oriente Medio y empieza a entrar en una etapa más incómoda: la de preguntarse cuánto daño puede terminar provocando el conflicto sobre la economía real. Esa es, en el fondo, la tesis que empieza a ganar peso en Wall Street. Tras un rebote inicial impulsado por las declaraciones de Donald Trump sobre conversaciones “productivas” entre las partes, las ventas reaparecieron con fuerza al final de la semana y reforzaron la idea de que las bolsas todavía podrían tener más recorrido a la baja.El mercado rebota, pero no convenceLa subida del lunes fue interpretada por muchos estrategas como un simple rebote técnico, no como una señal de suelo. Desde Wolfe Research se insistía ya a comienzos de semana en que los mínimos probablemente no se habían visto, mientras que desde Fairlead Strategies se recordaba que la tendencia seguía siendo claramente bajista. Esa sensación quedó reforzada con la nueva debilidad posterior, que terminó llevando al Nasdaq Composite y al Dow Jones a terreno de corrección, tras caer más de un 10% desde sus máximos recientes.La razón es bastante simple: siguen existiendo demasiadas incógnitas. El mercado no sabe si está más cerca del final del conflicto o del inicio de una fase todavía más compleja. Y mientras esa duda siga abierta, cualquier rebote seguirá siendo frágil.El problema de fondo no es solo la caída ya vista, sino la ausencia de certezas. Con tan poca visibilidad, el mercado no se siente cómodo comprando agresivamente las bajadas.Del shock inicial al miedo a la estanflaciónSegún Barclays, la “fase de shock” de la guerra habría quedado atrás. Eso no significa que el riesgo haya desaparecido, sino que la naturaleza del riesgo cambia. Si continúan las ventas, el banco cree que podrían parecerse más a las de 2022: un deterioro gradual, impulsado por una reevaluación más profunda del impacto de la inflación alta y del menor crecimiento económico.Traducido sin adornos: el miedo ya no es únicamente a un titular explosivo o a un ataque aislado sobre infraestructura energética, sino a que el mercado empiece a asumir un escenario de estanflación. Ese tipo de entorno suele desgastar a las bolsas más lentamente, pero también de forma más persistente.Por eso, aunque el conflicto siga siendo el detonante, el foco se desplaza poco a poco hacia la macro. En abril empezarán a publicarse más datos capaces de mostrar si el encarecimiento del petróleo ya está golpeando al consumo, a la confianza y a la actividad empresarial.Abril puede traer el verdadero test económicoVarios analistas consideran que el verdadero riesgo de mercado podría emerger en abril, cuando empiecen a publicarse con más claridad los datos de marzo. Algunas pistas ya han aparecido en encuestas adelantadas, como el S&P Global Flash PMI de Estados Unidos, que reflejó mayores presiones de precios y menor crecimiento en la producción. Pero el grueso del ajuste macro aún está por verse.En ese sentido, el mercado estará especialmente pendiente de las encuestas de confianza, del IPC de marzo y, sobre todo, de las ventas minoristas de abril, porque ahí se podrá observar si el consumidor estadounidense empieza a recortar gasto ante el caos geopolítico y el encarecimiento energético. También se vigilarán muy de cerca los datos de vivienda, especialmente ahora que la rentabilidad del bono estadounidense a 10 años vuelve a situarse por encima del 4,4% y las hipotecas se encarecen.La gran duda para abril es esta: si el consumidor empieza a frenarse y la actividad se enfría, el mercado tendrá que revisar a la baja sus expectativas de beneficios y crecimiento.No todos ven un deterioro inevitableNo obstante, no todo Wall Street comparte una visión abiertamente pesimista. Desde Wells Fargo se sostiene que la economía estadounidense está mejor preparada que en el pasado para resistir un shock petrolero, gracias a su condición de exportador neto de combustibles fósiles, al menor peso de la energía en el presupuesto familiar y al apoyo que podrían ofrecer las devoluciones fiscales derivadas del plan de estímulo de Trump. En la misma línea, UBS considera que, en teoría, Estados Unidos podría absorber incluso un barril de petróleo en torno a los 200 dólares sin colapsar automáticamente.Eso no significa que el mercado vaya a ignorar el riesgo. Significa simplemente que todavía existe debate sobre cuánto daño real puede hacer esta crisis y si el pesimismo actual terminará viéndose reflejado en los datos o quedará sobredimensionado por la tensión del momento.En definitiva, el mercado sigue teniendo un problema claro: necesita saber si la guerra acabará pronto o si se convertirá en una fuente duradera de inflación y desaceleración. Hasta que esa respuesta empiece a aclararse, abril seguirá viéndose como un mes peligroso. Porque si los datos empiezan a deteriorarse al mismo tiempo que el conflicto sigue abierto, Wall Street tendrá que asumir que la corrección actual probablemente aún no ha terminado.