Harruinado
10/04/26 15:03
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Historias de la Bolsa.
La tregua entre Estados Unidos e Irán ha servido para enfriar algo el precio del petróleo, pero eso no cambia una realidad que empieza a ser cada vez más evidente: la inflación no va a desacelerarse de forma inmediata. El mercado puede celebrar una pausa en la tensión geopolítica, pero el daño sobre los precios ya está hecho en buena parte, y además existen varios factores adicionales que siguen apuntando a un entorno de inflación más persistente de lo deseado.Los consumidores estadounidenses ya lo están notando con claridad en el bolsillo. El aumento del coste de la gasolina ha sido una de las primeras señales visibles del impacto económico de la guerra, y ese encarecimiento empieza ahora a reflejarse con más fuerza en los indicadores oficiales.La energía vuelve a empujar con fuerza el IPCEl gran protagonista del repunte inflacionista es, de momento, el precio de la energía. Tras el shock provocado por la guerra, el coste de la gasolina se ha disparado y eso amenaza con impulsar con fuerza el IPC de marzo. Las previsiones apuntan a una subida mensual del 0,9%, una cifra muy elevada para un solo mes y muy superior a lo que sería un avance normal.En tasa interanual, la inflación general podría repuntar hasta el 3,3%, frente al 2,4% del mes anterior. Ese movimiento llevaría la tasa a su nivel más alto en casi dos años. La implicación es bastante directa: cuando los hogares dedican más dinero a llenar el depósito, tienen menos capacidad para gastar en otros bienes y servicios, lo que añade presión al conjunto de la economía.La tregua puede frenar el pánico en el petróleo, pero no borra de golpe el efecto inflacionista que ya ha llegado al consumidor.La inflación subyacente tampoco da treguaEl argumento de que el repunte es solo energético pierde algo de fuerza cuando se observa la inflación subyacente, que excluye precisamente alimentos y energía. El mercado espera un avance mensual del 0,3%, con la tasa anual subiendo al 2,7% desde el 2,5%. No es un salto tan brusco como el del IPC general, pero sí suficiente para dejar claro que las presiones de fondo siguen demasiado lejos del objetivo de la Reserva Federal.Y aquí aparece el verdadero problema para el banco central: aunque el petróleo ceda algo, la inflación subyacente sigue mostrando que el proceso de desinflación se está haciendo mucho más lento de lo esperado.El PCE ya venía avisando antes del conflictoDe hecho, la guerra con Irán no ha hecho más que añadir presión a una tendencia que ya venía incomodando a la Fed. Su indicador preferido, el PCE, había mostrado incrementos mayores de lo esperado en diciembre y enero, y el mercado también esperaba otra lectura incómoda para febrero.Eso significa que la inflación no estaba controlada antes del shock energético y que ahora simplemente cuenta con un nuevo factor de presión. En otras palabras, la guerra no ha creado el problema desde cero; lo ha empeorado.Más presión por aranceles y fertilizantesAdemás del petróleo, hay otros elementos que apuntan a una inflación más persistente. Uno de ellos es el encarecimiento de los fertilizantes, una consecuencia indirecta de la guerra que podría empezar a trasladarse a los precios de los alimentos en los próximos meses.A eso se suma el frente de los aranceles. Tras los cambios introducidos por la Administración Trump, muchas empresas siguen trasladando parte de sus mayores costes al consumidor final. El resultado es un entorno donde la presión sobre precios no depende ya de una sola variable, sino de varios focos al mismo tiempo.La Fed tiene menos margen para actuarTodo esto complica mucho la hoja de ruta de la Reserva Federal. Si el petróleo sigue caro, si la inflación general repunta y si la subyacente no baja con claridad, el banco central tendrá muy difícil justificar recortes de tipos en el corto plazo. Como mínimo, se verá obligado a mantener una postura prudente. Y en el peor caso, podría incluso endurecer su discurso si las expectativas de inflación vuelven a deteriorarse.La parte positiva, si la hay, es que los salarios no están actuando ahora mismo como un motor adicional de inflación. El crecimiento salarial se ha moderado en el último año y no está empujando los precios con la intensidad habitual de otros episodios inflacionistas. Pero eso, por sí solo, no basta para compensar el efecto de energía, aranceles y costes agrícolas.