Para poder invertir, en cualquiera de sus versiones, primero hay que ahorrar. Y aquí es donde surge el primer problema. Ser ahorrador en la situación actual es sumamente complicado y, por si fuera poco, nos inculcan que debemos ser más consumidores que nunca.
El que la Bolsa sea alcista, puede suscitar y suscita las mismas temeridades que cuando es bajista. La primera pregunta que le surge al inversor es si cuando se decida a entrar será el último día de alzas consecutivas. Y esta pregunta tiene una simple respuesta.
Las pérdidas forman parte del negocio de la inversión en los Mercados Financieros, hasta tal punto que son las causantes de nuestros mayores dolores de cabeza. Y, ya que forman parte de este negocio, tenemos que convivir con ellas irremediablemente.
Al pequeño inversor no se le ponen las cosas fáciles cuando tiene que tomar decisiones, en un momento como el actual, donde se cierne sobre él la confusión de hacia dónde tenderán los Mercados Financieros.
Leí la entrevista que una publicación económica le hizo a un gestor de un megafondo cuya política de inversión estaba basada en la renta variable. Explicaba cómo, era capaz de romper soportes o resistencias a su antojo, con la única intención de equivocar al “pobre incauto inversor particular”.