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Historias de la Bolsa.

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CÓDIGO AMIGO

Gestión inteligente del capital con Trade Republic: IBAN español y 2% de remuneración sin límite de saldo

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#1411

Las cinco reglas silenciosas de Buffett que explican su éxito durante décadas


Con el relevo de Warren Buffett al frente de Berkshire Hathaway, es normal que vuelvan a circular los grandes hitos: American Express, Coca-Cola, Apple… y toda esa colección de ideas que se citan una y otra vez. Pero, como recuerda Lawrence A. Cunningham en el medio original, hay dos cosas que conviene tener claras desde el principio: Buffett no se va del todo (seguirá como presidente) y, sobre todo, su mayor aportación no es una lista de “mejores compras”, sino la forma en la que ha construido un proceso de inversión resistente al ruido.

El verdadero legado: un sistema, no un puñado de apuestas



La mayor hazaña de Buffett no es simplemente batir al mercado (que ya es mucho). Lo realmente extraordinario es que, dentro de Berkshire, levantó un sistema de toma de decisiones pensado para minimizar errores, resistir presiones y mantener los incentivos alineados durante décadas. Y eso hoy, con un mercado más rápido, más ruidoso y más “ansioso”, vale casi más que nunca.


Porque lo difícil en inversión no ha cambiado: juicio, disciplina y temperamento. Buffett lo entendió muy pronto y, en lugar de buscar complejidad o velocidad, construyó estructuras para equivocarse menos.


Idea central: no se trata de “adivinar” el futuro, sino de montar un método que te proteja cuando el futuro se complica.

Cinco lecciones de Buffett que siguen funcionando en 2026



1) El tiempo es un activo

Buffett trató el tiempo como algo valioso, no como una variable “a gestionar”. La capitalización compuesta solo funciona si no la interrumpimos con decisiones impulsivas: pérdidas innecesarias al principio, ventas demasiado pronto cuando la tesis todavía tiene recorrido… En un mundo obsesionado con el trimestre, pensar en años sigue siendo una ventaja.

2) Más incentivos y confianza, menos predicciones

En vez de gastar energía intentando anticipar el macro, Buffett se fijó en algo más práctico: las personas y sus incentivos. Cómo se paga a los directivos, cómo se asigna el capital, qué cultura tiene la compañía… Eso suele explicar mucho más del resultado final que cualquier forecast perfecto.

3) La simplicidad es una disciplina

Buffett evitó la complejidad no por falta de capacidad, sino porque sabía lo peligrosa que es. La complejidad disimula riesgos, genera falsa seguridad y, muchas veces, aparece justo cuando el modelo es menos fiable. Si no podemos explicar una inversión de forma sencilla, probablemente no la entendemos lo suficiente como para llevarla en cartera.


4) La paciencia “institucional” gana a la brillantez puntual

Berkshire se diseñó para reducir decisiones malas: balance fuerte, apalancamiento moderado, operaciones descentralizadas y una cultura de confianza. Un inversor particular no puede copiar eso al milímetro, pero sí puede aplicar la lógica: poner reglas por adelantado, evitar decisiones forzadas y no caer en el impulso de estar “haciendo cosas” todo el tiempo.


5) El temperamento es el activo más infravalorado


Buffett nunca vendió la idea de ser el más listo de la sala. Vendió la idea de ser el más consistente. Mantener la cabeza fría cuando otros están eufóricos o en pánico es una ventaja enorme… y cada vez más rara en un mercado saturado de titulares, opiniones y ruido.

El recordatorio más útil: ignorar el ruido sale rentable



Hay un pasaje especialmente revelador que Cunningham rescata de una carta de Buffett a los accionistas en 1994: la idea de que las previsiones políticas y macro suelen ser una distracción cara. En aquel texto, Buffett enumeraba shocks históricos que nadie pudo prever y remataba con una conclusión sencilla: ninguno de esos eventos invalidó los principios de inversión de largo plazo.


Si actualizáramos hoy esa lista, cambiarían los nombres, pero la enseñanza sería la misma: guerras, crisis, burbujas, pandemias, tipos disparados, tensiones geopolíticas o el auge de la inteligencia artificial… El mundo siempre encuentra nuevas formas de sorprender. Y precisamente por eso, tener un proceso robusto suele ser más importante que tener razón en el titular del día.


Conclusión: Buffett deja el puesto de CEO, pero su forma de invertir sigue siendo un manual práctico para 2026. No se trata de copiar Berkshire, sino de copiar lo esencial: dejar trabajar al tiempo, fijarse en incentivos, huir de la complejidad, diseñar decisiones para no arrepentirse… y proteger el temperamento por encima de todo.



No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1412

Corrección táctica en el S&P 500 tras fallar el Santa Rally


 
La fuerte caída del S&P 500 de la semana pasada, justo cuando el mercado parecía encaminarse a cerrar el año con el clásico Santa Rally, no fue del todo casual. Como explica Andrew McElroy, el comportamiento del índice sugiere que parte del mercado anticipó correctamente que algo relevante iba a ocurrir durante el fin de semana. Ese “algo” terminó siendo la intervención de Estados Unidos en Venezuela.

En un primer momento, las ventas podían interpretarse como ajustes técnicos o liquidaciones puntuales —incluso ligadas a otros activos—, pero el patrón de cierre del jueves y, sobre todo, la brusca reversión intradía del viernes apuntaban a que había información o riesgo no visible aún en el precio.

Lectura técnica: corrección, no cambio de tendencia



Desde el punto de vista técnico, McElroy señala que el índice cerró diciembre prácticamente plano, con un máximo rechazado y vuelta al rango previo. Eso abre la puerta a una fase correctiva, pero no confirma, ni mucho menos, un giro bajista de fondo. De hecho, tanto el cierre del conjunto de 2025 como el del cuarto trimestre mantienen una estructura claramente alcista.


En el gráfico semanal, la incapacidad para consolidar por encima de la zona de máximos y la pérdida del impulso del rally estacional pueden provocar más limpieza de posiciones a corto plazo. Aun así, no aparece una figura clara de giro: lo que domina es la idea de pausa o ajuste dentro de una tendencia mayor todavía sana.


Mensaje clave: el mercado falla en el “timing”, pero no en la tendencia. La corrección parece más una digestión que un cambio de ciclo.


Venezuela como catalizador, no como detonante estructural



Según McElroy, cuando un mercado marca mínimos semanales un viernes sin noticias aparentes, muchas veces es una señal de que algo relevante puede ocurrir durante el fin de semana. La operación estadounidense en Venezuela encaja bien en esa lectura. Es un evento grave y con implicaciones geopolíticas, pero la experiencia histórica sugiere que este tipo de shocks suelen generar reacciones iniciales que luego se corrigen.

A corto plazo, la noticia puede añadir volatilidad y justificar un tramo adicional de ajuste. A medio plazo, sin embargo, el patrón habitual es que el mercado termine absorbiendo el impacto, siempre que no haya una escalada mayor —especialmente en la reacción de China o en el mercado energético—.

Qué vigilar ahora



En el corto plazo, McElroy pone el foco en si el índice es capaz de estabilizarse tras la sacudida y en la evolución de los datos macro clave, especialmente el informe de empleo de EE. UU.. Con la mayor parte de las bajadas de tipos ya descontadas, el mercado necesitará señales de que la economía aguanta para retomar la subida con convicción.

En resumen: los vendedores de la semana pasada “olieron” bien el riesgo geopolítico, pero por ahora el escenario encaja más con un buy the dip selectivo que con el inicio de una fase bajista prolongada.



 

No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1413

Wells Fargo dice que se avecina una ‘contracción de posiciones cortas’ en el mercado.


El mercado podría estar entrando en una fase delicada —pero interesante— para quienes buscan operaciones tácticas. Según explica Wells Fargo (en la nota recogida por el medio original), se estaría gestando una combinación de vientos de cola capaz de provocar una contracción de posiciones cortas (“short squeeze”) en acciones que han ido rezagadas y que acumulan apuestas bajistas significativas.


La idea de base es sencilla: cuando confluyen catalizadores macro y mejora del sentimiento, los valores con mucho corto pueden reaccionar con movimientos rápidos, porque parte de esa presión bajista se convierte de golpe en demanda (cierres de cortos). Y si el mercado entra en modo “reflación”, ese efecto suele amplificarse.

Qué puede encender la mecha, según Wells Fargo



El equipo liderado por Ohsung Kwon enumera tres motores principales:

  • Más gasto derivado de los reembolsos fiscales (en torno a 800 dólares por persona, en promedio).

  • Mejor crecimiento de beneficios en sectores que han quedado por detrás del mercado.

  • Mayor liquidez en el sistema, apoyada por la Reserva Federal.

Con ese telón de fondo, Wells Fargo cree que el “rebote” no se concentraría necesariamente en los ganadores de siempre, sino en valores donde el mercado está demasiado inclinado hacia el lado bajista. Ahí es donde aparece la oportunidad, pero también el riesgo: estas operaciones suelen ser más volátiles y exigen disciplina.

La cesta de ideas: rezagadas + mucho corto



Según el banco, dentro del Russell 3000 hay un grupo de valores que combina bajo rendimiento reciente con posiciones cortas elevadas y que, además, Wells Fargo mantiene en sobreponderar. Entre los nombres mencionados aparecen compañías de energía, industriales, salud y finanzas, como Crescent Energy, Herc Holdings, Vera Therapeutics, Enovis, MannKind, HA Sustainable Infrastructure Capital e Ingersoll Rand, además de otras como Matador Resources.


Lectura rápida: cuando el mercado gira, los cortos “apretados” suelen buscar salida a la vez.
 
Si hay catalizador y volumen, el movimiento puede ser brusco. Si no lo hay, el valor puede quedarse “atascado” y la operación pierde sentido.

Dos ejemplos que el mercado ya vigila



Herc Holdings
es uno de los casos más claros. Es un proveedor de alquiler de equipos y, según señala el medio original, ha caído alrededor de un 15% en los últimos doce meses. Aun así, la tesis de recuperación se apoya en que parte de los retos de integración tras la compra de H&E Equipment Services estarían quedando atrás. Desde KeyBanc (según recoge la misma información) apuntan a que la captura de sinergias y la mejora operativa —incluida la integración tecnológica— podrían sostener una revisión al alza de expectativas si 2026 acompaña.

Vera Therapeutics, por su parte, representa el perfil “salud/biotech” con catalizador propio.

Según explica el medio original citando a Bank of America, el potencial estaría ligado a su fármaco principal, atacicept, con un mercado objetivo de gran tamaño y margen para sorprender al consenso si los hitos clínicos y comerciales avanzan como se espera. Este tipo de valores, con corto elevado, pueden ser especialmente sensibles a noticias.

Cómo lo enfocamos nosotros: estas operaciones se ganan más por timing y gestión del riesgo que por “tener razón” a largo plazo. Si hay squeeze, hay que ir con un plan: niveles claros, tamaño controlado y sin enamorarse del valor.

En definitiva, Wells Fargo pone sobre la mesa una idea táctica para 2026: si el mercado entra en modo reflación y mejora el flujo de liquidez, los valores más rezagados y con más corto podrían ofrecer rebotes intensos. No es un escenario para ir a ciegas, pero sí uno que conviene tener vigilado.


No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1414

Los primeros días de negociación de enero predicen el año del mercado de valores, o eso dicen


Las primeras impresiones engañan. Y en bolsa, todavía más.

Con el inicio de 2026, vuelve el ritual de siempre: si el mercado arranca fuerte, aparecerán titulares diciendo que “el año está hecho”; si arranca flojo, se hablará de que “vienen los osos”. Según explica Mark Hulbert, esa lectura es más narrativa que realidad estadística.


El mito de los primeros días de enero



No está del todo claro cuándo empezó Wall Street a obsesionarse con el poder predictivo de las primeras sesiones del año, pero la idea viene de lejos. Al menos desde los años 70, cuando se popularizaron expresiones que vinculaban el comportamiento del mercado entre Navidad y los primeros días de enero con el tono del resto del ejercicio.

Con el paso del tiempo, esa “tradición” se ha multiplicado en versiones: algunos miran solo el primer día, otros los dos primeros, otros la primera semana, y otros extienden la tesis a todo enero con el llamado “barómetro de enero”. La promesa siempre es la misma: que el arranque del año anticipa el final.

El problema es que suena bien… pero no se sostiene cuando se mira con números.

Qué dice la estadística de verdad



Hulbert revisa la evidencia histórica y llega a una conclusión incómoda para los amantes de los eslóganes: ninguno de estos “patrones de primera impresión” cumple criterios tradicionales de significación estadística.


En otras palabras, da prácticamente igual si el mercado sube o baja en el primer día, en los dos primeros, en la primera semana o incluso durante todo enero. Las probabilidades de que el mercado termine el año en positivo se mantienen muy similares.


La realidad: el mercado sube la mayoría de los años



El mensaje final es simple y muy poco glamuroso: históricamente, el mercado tiende a subir en torno a dos de cada tres años. Y esas probabilidades no cambian de forma significativa por cómo se comporte en las primeras sesiones de enero.

Por eso, convertir los primeros días del año en una “señal” puede ser más una excusa para contar una historia que una herramienta útil para tomar decisiones. Si algo puede marcar 2026, no será un indicador estacional, sino los fundamentales: beneficios, tipos, crecimiento y la capacidad de las compañías para justificar valoraciones.

Conclusión: enero puede influir en el ánimo del mercado, pero no tiene por qué decidir el destino del año. Los números no respaldan esa seguridad.


No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1415

El gráfico que tiene a Michael Burry preocupado por el mercado de valores


Un gráfico concreto es el que ha llevado a Michael Burry a lanzar una nueva advertencia sobre la bolsa. Según explica Yun Li en el medio original, el inversor conocido por anticipar la crisis financiera de 2008 considera que un cambio en la estructura de la riqueza de los hogares estadounidenses podría dejar al mercado vulnerable a un ajuste prolongado.


La señal: más patrimonio en bolsa que en ladrillo


Burry se apoya en un gráfico elaborado por Wells Fargo que apunta a un hecho poco común: los hogares de EE. UU. tendrían ahora una mayor proporción de su patrimonio neto en acciones que en inmobiliario. Para Burry, esta situación es excepcional y, según su lectura histórica, solo se habría visto en dos ocasiones anteriores: a finales de los años 60 y a finales de los años 90.

Burry sostiene que en esas dos etapas el mercado terminó entrando en ciclos bajistas duraderos, y por eso interpreta el gráfico como una señal de alerta.

Por qué le preocupa: efecto riqueza y transmisión al consumo


El argumento de fondo es que, cuando la renta variable pesa tanto en el balance de las familias, una caída del mercado puede trasladarse más rápido a la confianza y al gasto. Es decir, las ventas no solo afectan a las pantallas: también pueden cambiar el comportamiento del consumidor, amplificando la debilidad en una fase bajista.

En esa línea, Burry —que ya venía alertando sobre excesos vinculados al auge de la IA— refuerza su postura con tono irónico, presentándose como “Beary Burry” para subrayar su sesgo defensivo.


La lectura contraria: por qué el sistema no “toleraría” una gran caída


El mismo gráfico, sin embargo, permite una interpretación distinta. Wells Fargo sostiene que precisamente el mayor peso del “efecto riqueza” en la economía implica que una bolsa bajista profunda podría traducirse rápidamente en una desaceleración económica. En ese escenario, el banco considera poco probable que la Reserva Federal o el Gobierno se muestren indiferentes ante un desplome sostenido, especialmente en un contexto político sensible.

Con ese razonamiento, la firma concluye que, al menos a corto plazo, el riesgo-rentabilidad para la renta variable “sigue siendo favorable” porque el coste económico y político de una gran corrección sería demasiado alto.

En definitiva, el debate queda servido: Burry ve en la composición del patrimonio familiar una señal histórica preocupante, mientras que Wells Fargo cree que ese mismo fenómeno actúa como freno a un desplome severo en el corto plazo. Dos lecturas opuestas… a partir del mismo gráfico.




No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1416

Los cuatro pilares para un rally en 2026


Con 2025 prácticamente cerrado y las bolsas estadounidenses a un paso de máximos históricos, el mercado entra en 2026 con una pregunta encima de la mesa: ¿puede continuar el rally? En un repaso publicado por Sarah Min, se recoge la visión de Tom Essaye (Sevens Report), que cree que la tendencia alcista puede seguir, pero advierte de que el listón es más alto y el camino será más exigente.


La idea central se resume en cuatro “pilares” que, si se mantienen en pie, sostendrían el bull market: entusiasmo por la IA, crecimiento económico estable, flexibilización monetaria y estabilidad/claridad en aranceles.

Pilar 1: la IA sigue siendo el gran motor (pero ya no basta sola)



El primer pilar es el más obvio: inteligencia artificial. Sarah Min recuerda que el entusiasmo por la IA ha sido el factor diferencial de los últimos tres años, apoyando subidas muy fuertes del S&P 500 desde 2023. Para 2026, la lectura de Sevens Report es que el viento de cola continúa, aunque con un matiz importante: las compañías tendrán que justificar los múltiplos con beneficios, no solo con narrativa.


La IA puede seguir empujando, pero en 2026 el mercado pedirá resultados. Si falla la ejecución, el castigo puede ser rápido.

Pilar 2: crecimiento estable… vigilando el empleo



El segundo pilar es macro: crecimiento estable. La tesis es que una economía que avanza sin sobresaltos permite que el rally se amplíe más allá de las mega caps, dando soporte a más sectores. Pero aquí hay un “semáforo” muy concreto: el mercado laboral.
Según se recoge en el artículo de Sarah Min, la referencia que vigilan es clara: si la tasa de paro empieza a acercarse o superar el 5%, el mercado podría interpretarlo como una señal de deterioro económico. En ese punto, una decepción en IA dejaría a las bolsas sin un pilar alternativo sólido.

Pilar 3: bajadas de tipos (dependen del tono de la Fed)



El tercer pilar es monetario: más recortes de tipos. El mercado quiere un entorno de financiación algo más laxo para sostener valoraciones. Sarah Min apunta que, aunque la propia Fed ha rebajado su previsión de recortes, los inversores siguen pensando que podría haber más margen si la dirección futura del banco central se inclina hacia un perfil más dovish.


El punto crítico aquí es que este pilar no está “garantizado”: si los recortes no llegan, o llegan más tarde, o la inflación repunta, el soporte monetario se debilita y el mercado se vuelve más frágil.

Pilar 4: claridad arancelaria y control de la rentabilidad del bono



El cuarto pilar tiene dos capas: claridad en aranceles y control del coste del dinero en mercado (rentabilidades). El mercado logró digerir buena parte del ruido arancelario en 2025, pero el tema puede reactivarse a comienzos de 2026 por decisiones judiciales relevantes sobre la legalidad de ciertos gravámenes, con potenciales consecuencias políticas y económicas.

El riesgo, según se expone en la pieza de Sarah Min, es que un escenario de tensión en aranceles termine empujando al alza las rentabilidades, especialmente si el T-Note a 10 años supera niveles que incomodan al equity. Si ese movimiento es brusco, la bolsa lo nota.


El mercado puede vivir con incertidumbre… pero no con una subida rápida del coste de financiación. Ahí es donde la fiesta suele enfriarse.

Conclusión: el rally puede seguir, pero el “margen de error” es menor



En resumen, la visión que recoge Sarah Min es que el rally de 2026 tiene base para continuar, pero ya no será un camino tan fácil como en años anteriores. La IA seguirá siendo un motor, pero el mercado exigirá resultados; el crecimiento debe mantenerse estable, con el empleo como termómetro; los tipos tienen que acompañar; y el frente arancelario debe aclararse sin provocar un repunte dañino de los bonos.




No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1417

El S&P 500 roza los 7.000 pero el último tramo se llena de baches |


Wall Street se aproxima a un hito histórico justo cuando el camino empieza a llenarse de baches. Según explica Isabel Wang, el S&P 500 ha vuelto a quedarse a las puertas de los 7.000 puntos, un nivel psicológico clave que, lejos de romperse con facilidad, está poniendo a prueba la paciencia de los inversores.

El nivel 7.000 no está siendo un simple trámite



El índice cerró la última sesión en torno a los 6.944 puntos, apenas a un 0,8% de alcanzar por primera vez los 7.000. Sin embargo, desde finales de diciembre el mercado se ha quedado atrapado alrededor de la zona de 6.900, coincidiendo con una pérdida de impulso en las grandes tecnológicas que habían liderado el rally previo.


El contexto histórico refuerza la idea de cautela. De acuerdo con BTIG Research, los grandes índices estadounidenses suelen experimentar episodios de volatilidad al aproximarse a niveles redondos relevantes. En el caso del S&P 500, cuatro de los últimos cinco saltos de 1.000 puntos vinieron acompañados de turbulencias, más que de rupturas limpias.


No es que un número redondo sea bajista por sí mismo, pero suele actuar como zona de fricción donde el mercado necesita digerir ganancias.

Un patrón que también se repite en el Dow



El fenómeno no se limita al S&P 500. El Dow Jones también se encuentra cerca de otro hito simbólico: los 50.000 puntos. Históricamente, el índice industrial ha mostrado fases de consolidación o mayor volatilidad al aproximarse a estos niveles, como ya ocurrió en tres de sus últimos cuatro grandes escalones de 10.000 puntos.
Este comportamiento refuerza la idea de que el mercado necesita tiempo para asimilar cifras tan llamativas, especialmente tras subidas prolongadas y rápidas.

Geopolítica y ruido macro en el arranque de 2026



El inicio de 2026 ha sido especialmente volátil. A las dudas técnicas se han sumado factores externos como la acción militar de EE. UU. en Venezuela, el aumento de las tensiones con Irán, las amenazas geopolíticas en torno a Groenlandia y el debate sobre la independencia de la Reserva Federal.


Pese a ello, el mercado ha mostrado una notable capacidad de rebote tras las caídas diarias, lo que ha mantenido a los índices cerca de máximos. Sin embargo, el mejor comportamiento relativo de las bolsas internacionales sugiere que estos riesgos pesan más sobre el mercado estadounidense que sobre otros.

Mientras el S&P 500 y el Nasdaq avanzan de forma modesta en 2026, índices como el Russell 2000 y varios mercados fuera de EE. UU. muestran un mayor dinamismo.

Un equilibrio delicado para el resto del año



El trasfondo no es negativo: los beneficios empresariales siguen siendo sólidos, la política monetaria se percibe como acomodaticia y el estímulo fiscal continúa apoyando a los activos de riesgo. Sin embargo, estas fuerzas conviven con dudas relevantes sobre el orden geopolítico, la sostenibilidad fiscal y el papel de los bancos centrales.

En este contexto, el asalto final a los 7.000 puntos podría llegar, pero no necesariamente de forma lineal. La experiencia sugiere que antes de una ruptura clara, el mercado suele pasar por fases de consolidación, sacudidas y mayor volatilidad. Cómo se resuelva este pulso marcará buena parte del tono bursátil en 2026.




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#1418

Un año de caos político y récords bursátiles: así ha subido el S&P 500 con Trump


 
  • El S&P 500 sube alrededor de un 16% en el primer año del regreso de Trump a la Casa Blanca, por encima de la media histórica del primer año de mandato.

  • La economía de EE. UU. crece en torno al 2,5% en 2025, con desempleo en el 4,4% e inflación moderándose pero aún por encima del 2%.

  • De cara a 2026 pesan las midterms, la volatilidad geopolítica y la incógnita sobre las tarifas, tradicionalmente un año más débil para la bolsa.

El primer año de Donald Trump en su regreso a la Casa Blanca ha sido cualquier cosa menos tranquilo para Wall Street. A pesar de los sobresaltos políticos, las tensiones arancelarias y varios episodios de volatilidad, el S&P 500 acumula una revalorización cercana al 16% desde el 20 de enero de 2025, según los datos recopilados por la prensa financiera estadounidense.


Lejos de ser un comportamiento excepcional, esta subida se sitúa por encima de la mediana histórica del 9% en el primer año de mandato presidencial, aunque por debajo de los mejores precedentes recientes: el primer año de Trump en 2017 (+23,7%) y algunos de los años iniciales de Barack Obama mostraron avances incluso mayores. Durante la presidencia de Joe Biden, el primer año también estuvo en torno al 16%.

Un año de récords históricos… y nervios constantes



Como explica Isabel Wang en su análisis, el comportamiento de la bolsa estadounidense en 2025 ha sido una mezcla de máximos históricos recurrentes y correcciones bruscas que han puesto a prueba la paciencia de los inversores. Desde que se anunciaron las llamadas tarifas de “liberación” en abril, prácticamente cada caída significativa del mercado ha sido aprovechada para comprar, lo que algunos han bautizado como la “TACO trade”: tolerar el ruido político y aprovechar las correcciones.

A pesar del ruido, el S&P 500 ha marcado más de 40 máximos históricos de cierre en el periodo, mientras que el Dow Jones y el Nasdaq también han encadenado decenas de nuevos récords. El mensaje de fondo es claro: la dirección de fondo sigue siendo alcista, aunque el trayecto haya sido incómodo.

El aprendizaje para muchos gestores ha sido que reaccionar de forma impulsiva a cada titular político ha generado más errores que aciertos en las carteras. Mantener la disciplina de inversión ha resultado más rentable que tratar de anticipar cada giro de la Casa Blanca en materias como aranceles, regulación o política exterior.

Un entorno macro mejor de lo esperado



Más allá de la bolsa, el telón de fondo económico ha sido razonablemente sólido. El PIB de Estados Unidos podría haber crecido un 2,5% o algo más en 2025, tras un primer trimestre débil y una notable aceleración en el segundo y tercer trimestre. La economía no ha entrado en recesión a pesar de los temores asociados a las tarifas y a la política monetaria.
El mercado laboral se ha enfriado, pero se mantiene en niveles saludables: la tasa de paro se sitúa en el 4,4%, el nivel más bajo de los últimos dos años, aunque con creación de empleo más moderada y cierto riesgo de presión a la baja sobre salarios y confianza del consumidor.


La inflación, medida por el IPC, ha descendido hasta el entorno del 2,7%, todavía por encima del objetivo del 2% de la Reserva Federal, pero lejos de los máximos de hace unos años. Este equilibrio entre crecimiento razonable e inflación moderándose ayuda a explicar parte del buen tono de la renta variable.

En paralelo, la agenda fiscal de Trump incorpora iniciativas de “asequibilidad” como el proyecto de limitar temporalmente al 10% el tipo de interés de las tarjetas de crédito, así como su llamada One Big Beautiful Bill Act. De materializarse en los términos planteados, estas medidas podrían ser un apoyo adicional al consumo y, por extensión, a los beneficios empresariales.

2026: midterms, geopolítica y más volatilidad



El foco del mercado se desplaza ahora a 2026, año de elecciones de mitad de mandato. Históricamente, el segundo año de ciclo presidencial suele ser el más flojo para la bolsa estadounidense: desde 1948, el S&P 500 ha ganado de media apenas un 4,6% en los años de midterms, con retornos positivos en algo menos del 60% de los casos. Es, por tanto, un contexto estadísticamente más exigente.

A este patrón histórico se suma un arranque de año marcado por nuevas fuentes de tensión: acción militar en Venezuela con la captura de Nicolás Maduro, amenazas sobre Groenlandia, fricciones con Irán y dudas sobre la independencia de la Fed tras la investigación abierta al presidente Jerome Powell.

Con este telón de fondo, los principales índices han empezado 2026 con descensos semanales moderados, reflejando un mercado que, por ahora, opta por consolidar las fuertes subidas del año anterior. Para los inversores, el mensaje que deja este primer año de Trump es doble: la política puede generar ruido intenso a corto plazo, pero los fundamentales macro y de beneficios siguen mandando a medio plazo.



 

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#1419

La clave no es el ciclo: es comprar empresas que ganen dinero pase lo que pase


Jim Cramer, analista y presentador en CNBC, defiende una idea sencilla: la mejor inversión a largo plazo no es la que adivina el ciclo, sino la que se apoya en empresas capaces de sostener ingresos y beneficios casi con independencia del entorno macro. En la práctica, esto apunta a compañías con demanda estructural, modelos de negocio sólidos y una ventaja competitiva que no dependa de “vientos de cola” puntuales.

Qué entiende por “crecimiento secular”



La etiqueta de crecimiento secular no es un eslogan: describe compañías con crecimiento estructural (no cíclico), capaces de avanzar incluso si el consumo se enfría o si el coste del dinero sube. Cramer subraya dos cualidades: resistencia (aguantar tipos altos y economía débil) y capacidad de escalar (poder convertirse con el tiempo en “algo enorme”). Este tipo de acciones se pueden mantener durante años —incluso décadas—, con una condición: revisarlas periódicamente para detectar si la tesis se rompe de verdad.


Idea central: no se trata de comprar “lo que está barato”, sino de identificar negocios que puedan seguir creciendo con el reloj en contra (tipos altos) y con el ciclo en contra (economía floja).


Tipos altos: la deuda marca la diferencia



Un filtro práctico que propone es observar la necesidad de financiación. Las empresas que sobreviven mejor a subidas fuertes de tipos suelen necesitar poco endeudamiento para operar y, además, sus clientes no dependen del crédito para comprar. Cramer matiza que endeudarse no es “malo” por definición: compañías como Amazon o Tesla recurrieron a financiación agresiva al principio, pero lo hicieron con oportunidades enormes por delante. La diferencia, insiste, está en pedir dinero para crecer frente a pedir dinero para no hundirse.

Cuando una empresa se endeuda solo para “aguantar”, el margen de error se reduce: si el entorno se complica, la deuda deja de ser palanca y se convierte en ancla.


Cómo comprobarlo: comportamiento en crisis y capacidad de escalar



Para valorar si un negocio es realmente resistente, sugiere mirar el histórico en momentos de estrés, como la Gran Recesión o el shock del COVID. No pasa nada si la acción cae durante una crisis; lo importante es que se recupere con rapidez cuando el mercado normaliza. Ese patrón suele señalar que el negocio mantiene demanda y poder de ejecución.


El segundo gran criterio es la escalabilidad: la posibilidad real de crecer y convertirse en una empresa más grande sin que los costes se disparen al mismo ritmo. En términos prácticos, Cramer sostiene que, cuando se encuentra una compañía capaz de aguantar entornos difíciles y además escalar, se puede justificar pagar múltiplos exigentes. Pone como referencia a las grandes tecnológicas (“Siete Magníficas”) y defiende que el mercado paga caro el crecimiento de beneficios estable… porque, cuando es consistente, suele merecerlo.






No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.