Si piensas que Nike en este abril de 2026 sigue siendo ese gigante intocable que dominaba el mundo con un simple "Swoosh", es que no te has enterado de que el rey está desnudo y además lleva unas zapatillas que ya no quiere nadie. Lo que estamos viendo es la resaca histórica de una soberbia corporativa sin precedentes donde decidieron que eran más una empresa de software y datos que una marca de deporte, y el resultado es que ahora mismo son un transatlántico sin motor a la deriva en un océano lleno de lanchas rápidas que le están robando la cartera.
Se pegaron un tiro en el pie con su famosa estrategia de "Direct-to-Consumer" que ha pasado de ser el futuro del retail a ser el mayor error de gestión de la década porque al echar a patadas a los minoristas de toda la vida para intentar quedarse con todo el margen se dieron cuenta tarde de que sin escaparates en las calles no eres nadie. En este 2026 están volviendo de rodillas a pedirle por favor a Foot Locker y compañía que les vuelvan a poner en el estante, pero el daño ya está hecho: mientras Nike se dedicaba a mirar hojas de Excel y a optimizar su aplicación móvil, marcas como On Running y Hoka se han quedado con todo el mercado del running real y la innovación. Nike ha pasado de ser la marca de los atletas a ser la marca de los que quieren ir al centro comercial con unas Jordan que ya no tienen ninguna exclusividad porque las han quemado de tanto repetir colores y modelos sin sentido.
Es vergonzoso ver cómo una empresa con ese presupuesto de I+D lleva años sin sacar una tecnología que rompa el mercado de verdad, limitándose a vivir de las rentas del pasado y de ediciones limitadas que ya solo interesan a cuatro nostálgicos. El equipo de John Donahoe ha convertido a Nike en una máquina de marketing vacía que ha perdido el alma competitiva para centrarse en una eficiencia financiera que ni siquiera se refleja en la cotización porque el mercado ya no compra la moto del crecimiento infinito. En este 2026 el valor de la acción es un poema que refleja la desconfianza absoluta de los inversores que ven cómo los inventarios se acumulan y cómo tienen que recurrir a descuentos agresivos para limpiar unas estanterías llenas de productos que ya no emocionan a nadie.
Encima tienen la cara dura de vendernos planes de reestructuración de miles de millones para "ahorrar e invertir" cuando lo que están haciendo es despedir al talento que de verdad sabía de zapatillas para poner a gente que solo entiende de algoritmos. Comprar Nike hoy es confiar en que un dinosaurio herido va a recuperar la agilidad por arte de magia mientras la competencia le sigue comiendo el terreno en cada categoría clave desde el fútbol hasta el fitness. Es una marca que ha perdido el pulso de la calle y que se ha quedado atrapada en una zona de confort peligrosa donde el logo ya no basta para justificar unos precios que no van acorde con la falta de innovación real que presentan temporada tras temporada.