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¿Cuándo debemos cambiar de banco?

Menos comisiones, condiciones más ventajosas en la hipoteca e, incluso, recibir un mejor trato son razones más que convincentes para cambiarse de entidad, pero lo cierto es que abandonar un banco por otro da mucha pereza, y no es una decisión fácil. De hecho, un reciente estudio señala que menos de un 7% de usuarios está dispuesto cambiarse de entidad financiera. La "pelea" actual que se vive entre los bancos por captar nuevos clientes juega a favor del usuario. Sin embargo, dar este paso exige estudiar con antelación las ofertas y aspectos como el número de cajeros que esa entidad tiene en la zona en la que vivimos y las comisiones de mantenimiento.

Las razones para cambiar de entidad

Entre las numerosas razones que un usuario puede esgrimir para cambiar su cuenta a otra entidad bancaria destacan especialmente:

1. Otra entidad mejora las condiciones de la hipoteca
El año pasado, 54.414 personas en España trasladaron su hipoteca a otro banco, y es una de las principales razones por las que un usuario decide cambiar de banco, aunque conviene andarse con ojo. Es posible encontrar entidades que cobren intereses inferiores al que se está pagando (actualmente se ven ofertas muy tentadoras que cobran en los intereses el Euribor más unas pocas décimas), pero el tipo de interés es sólo uno de los aspectos que se deben considerar en una hipoteca. Lo más probable es que ésta incluya unos gastos de subrogación que, seguramente, sean de alrededor del 1% del capital que reste por amortizar, y que habrá que abonar a la entidad que se abandona, a lo que hay que sumar los gastos de notaría y de gestoría. La entidad receptora animará a dar el paso e indicará cómo se debe hacer, pero conviene pedir una información completa y detallada sobre los costes totales de esta operación.

Algunas páginas web ofrecen calculadoras y simuladoras para comprobar cuánto habría que pagar con las nuevas condiciones, como en las de ING Direct, bancopopular-e y Bancaja. Bancopopular-e promete una ayuda de hasta 800 euros con los gastos de subrogación de la hipoteca, mientras que la calculadora de ING permite comparar unas hipotecas con otras.

Cambiar la hipoteca a otro banco interesa más cuanto menos tiempo se haya amortizado el crédito. Así, si realmente mejoran las condiciones, se reducirán los intereses anuales y se acabará pagando menos. También es importante contar con la eventualidad de que nuestra casa ha podido subir de valor desde que se suscribiera la primera hipoteca. Es muy probable que cuando compramos la casa tuviéramos que pedir un préstamo hipotecario por una cantidad superior al 80% del valor de la casa que reflejaba la tasación. Pero ahora el valor de la casa ha subido y, además, se ha amortizado una parte del préstamo. Ello supone que la cantidad que se debe pedir esta segunda vez probablemente sea inferior al 80% de la nueva tasación, y las condiciones serán más ventajosas.

2. Cobro de comisiones
Hay que estar muy atentos a los servicios por los que cobra la entidad por tener contratadas cuentas y tarjetas de crédito y débito. Además de preguntar en el banco cuáles son esas comisiones, se deben comprobar todos los recibos y ver a cuánto ascienden. Una buena idea es llamar de vez en cuando a la entidad, o pasarse por ella, para pedir la devolución de una comisión que se ha cobrado y asegurarse de que no la vuelvan a cobrar; de este modo se verá hasta qué punto se puede negociar con el banco la rebaja del pago de comisiones, una cantidad que, en ocasiones, puede llegar a sorprender al usuario, especialmente al que tiene la nómina domiciliada.

Si un cliente está insatisfecho por las comisiones que le cobra su banco y decide cambiar de entidad por esta razón, debe asegurarse de cuáles son las que le cobrarán en la nueva. Para ello no sólo debe leer la letra del contrato, sino preguntarle abiertamente y "sin tapujos" al empleado del banco y, a poder ser, le puede solicitar que le apunte en un papel las comisiones y su razón para que el futuro cliente, desde su casa, pueda hacer tranquilamente sus cálculos.

3. Descuentos en los recibos
Algunas entidades abonan en la cuenta de sus clientes un porcentaje de sus recibos, o de lo que se gasta con la tarjeta de crédito o débito. Es importante tenerlo en cuenta, pero no hay que olvidar que, en ocasiones, este tipo de ofertas dura solamente unos meses, no toda la vida de la cuenta.

4. Descontentos con el trato del personal
Una de las principales razones para cambiarse de banco es el pésimo trato que, en ocasiones, recibe el usuario. No son pocas las entidades desconsideradas con sus clientes, especialmente con los que no les van a aportar grandes ingresos. Ante esta situación, un cliente puede enviar una carta al superior inmediato de la persona con la que ha tenido el problema explicando las razones del enfado. Así, es posible dirigirse al director de una sucursal si no se está contento con el trato recibido por alguno de los empleados, o al jefe de zona si se está descontento con la manera de proceder del director de la sucursal. Esas cartas deben escribirse en un tono calmado y explicar con claridad el motivo del desencuentro. Aunque pueda parecer lo contrario, este tipo de misivas siempre llegan a su destinatario, y pueden provocar que se tomen medidas al respecto, siempre que su contenido sea razonable.

Los motivos que frenan el traslado

Aunque parezca mentira, anular la cuenta de un banco y abrir otra en otra entidad no es una decisión fácil, pero lo cierto es que en ella influyen más la pereza y la falta de conocimiento financiero que los problemas reales que pueda suponer el cambio de entidad financiera. Dejar un banco por otro se puede hacer cuesta arriba por razones, en ocasiones, incluso sentimentales. Es muy habitual trabajar toda la vida con el mismo banco, sin saber muy bien el por qué de esa vinculación. Conscientes de que los clientes somos seres "rutinarios" ellos mismos animan a que cambiemos de entidad; una publicidad de Caja Madrid, con la oferta de un depósito al 5,09%, pide a los posibles nuevos clientes cambiarse de banco. Para ello se valen de una campaña con mucho sentido del humor y que busca desdramatizar ese paso.

Si finalmente se decide cambiar de banco, el cliente debe tener en cuenta que la nueva entidad a la que se dirija tiene la obligación de ayudar a realizar todos los trámites, explicar cómo hacerlo y cómo se le debe comunicar a la antigua entidad.

La "fidelidad" a la primera entidad bancaria es moneda de uso común. Tanto, que la Comisión Europea ha mostrado su "preocupación" por que menos de un 7% de usuarios cambie anualmente de cuenta corriente. Además, acusa a los bancos de que muchas veces obliga a contratar productos asociados a quien sólo desea una cuenta corriente, como una tarjeta de crédito o un seguro de vida.

PASOS PARA CLAUSURAR UNA CUENTA

En primer lugar es importante echar un vistazo a los cargos e ingresos que se tienen en la cuenta bancaria. Esos cargos periódicos deben pasarse a la nueva cuenta corriente, de la misma forma que los ingresos, especialmente la nómina. Muy probablemente, no son tantos los conceptos que se tienen domiciliados. Basta con comunicar a las compañías de gas, luz, agua, y a la empresa para la que se trabaja, que se tiene una nueva cuenta corriente en la que se quieren domiciliar todos los recibos. La mayoría de las veces se puede hacer por teléfono sin problema.

No es conviente clausurar inmediatamente la cuenta antigua. Vale la pena mantenerla abierta un tiempo para cerciorarse de que no llega ningún cargo.

Es probable que el banco cobre una pequeña comisión por cancelación de la cuenta. Si no se cierra, ésta seguirá generando gastos y después, cuando ya no quede saldo, quedará una deuda. El antiguo titular sigue siendo responsable de cubrir esos gastos y esa deuda. Si no lo hace, el banco puede pedirle que los cubra, y entonces le resultará mucho más caro. Aunque dejar una cuenta a cero es gratuito y clausurarla cuesta dinero, merece la pena cerrarla. Además, es posible manifestar el desacuerdo con ese cobro, comunicárselo a la entidad y, en su caso, informar a una asociación de consumidores.

Artículo publicado en Consumer.es

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